¡Yippee-ki-yay, cagonmimantu!
Como ya he dicho en otras ocasiones, una de las mayores alegrías que me he llevado en los últimos tres años ha sido la constatación de que aquí mismo, en Asturias, en casita como si dijéramos, hay un montón de personas con ganas de abrirse paso como escritores y con una querencia evidente por el