Hace poco me he hecho con el volumen La reina de la costa negra y otros relatos de Conan, publicado por Cátedra en su colección Letras populares. Se trata de cinco relatos seleccionados y traducidos por Javier Fernández, quien también es el responsable del excelente ensayo introductorio del volumen.

He comprado el libro por completismo. En realidad ya tengo más ediciones de Conan de las que quiero o necesito (por ceñirnos solo a España: la de Bruguera, la de Fórum y la propia, realizada para Sportula, en castellano, la de Laertes en catalán y la de Urco en gallego). Pero con ciertos libros me encanta atesorar ediciones. Además, me habían hablado muy bien del ensayo introductorio y tenía ganas de leerlo.

Veo con agrado que Javier Fernández decide usar los términos «Cimeria» y «cimerio» como versiones españolas de «Cimmeria» y «Cimmerian». Es la misma decisión que tomé yo en mi edición de Conan y que, en su momento, fue recibida sin demasiado entusiasmo y hasta me acusaron de traicionar al original por escribir el país y su gentilicio de ese modo.

Hubo incluso quien me increpó diciendo que que si leía «Cimeria» y «cimerio» no iba a poder evitar pensar en el pueblo histórico de ese nombre, en lugar del legendario creado por Howard y eso lo sacaría de la lectura. Es curioso, por otro lado, que no tuviese ese mismo problema con «Nemedia» o «nemedio».

Lo cierto es que tanto «Cimmeria» como «Cimmerian» existen en inglés y cuentan con traducción española desde mucho antes de que Howard naciese. Y esta es con una sola «m»: Cimeria y cimerio, respectivamente. Es así, lleva siglos siendo así y es la traducción correcta y aceptada de ambos términos al castellano, ya se esté refiriendo a un lugar y un pueblo reales o a un país y una raza ficticios.

Lo gracioso de este asunto es que en la primera edición en castellano de los relatos de Howard, el término se tradujo de forma correcta. Cuando Bruguera publica en 1973 la versión en castellano de la edición americana de Lancer (sí, la de las portadas de Frazetta), traduce «Cimmeria» como «Cimeria» sin ningún problema, tal como se puede ver en la portada reproducida a continuación.

¿Cuando surge entonces esa «m» extra?

Aunque no puedo demostrarlo sospecho que la responsable es la editorial Vértice, que publicaba los cómics de Marvel en nuestro país en los años setenta del pasado siglo. Eso incluía los de Conan. Es en los tebeos de Vértice donde veo «Cimmeria» por primera vez; si hay algún caso previo de esa traducción incorrecta en relación a Conan en nuestro país, no la conozco.

De paso, creo recordar que Vértice usaba el gentilicio de «cimmeriano», en lugar de «cimmerio».

En cualquier caso, a partir de esa edición, el término se populariza y los editores que vienen detrás lo asumen acríticamente sin molestarse en comprobar si es correcto. Así, Fórum, Planeta Cómic, Martínez Roca o Minotauro usan «Cimmeria» y «cimmerio», perpetuando en sus ediciones el error cometido originalmente por Vértice. Y haciendo que la mayor parte de los aficionados consideren que esa es la traducción correcta de los términos, al menos cuando se trata de Conan.

Algo no muy distinto a ese absurdo «Gran Hermano» en el que se acabó convirtiendo el «Big Brother» orwelliano desde las primeras traducciones españolas y que solo hace unos años ha sido enmendado por Destino al retraducir la novela y llamar «Hermano Mayor» al personaje, como debe ser.

En fin, que me estoy yendo por las ramas. En castellano, Conan es un cimerio natural de Cimeria, no un cimmerio (o cimmeriano) natural de Cimmeria. Y eso, le pese a quien le pese, y se ponga como se ponga quien tenga que ponerse.

Y ver que Javier Fernández en su traducción adopta el mismo criterio que yo (o que yo adopto el mismo que él, ya que su traducción es unos pocos años anterior a la mía) me hace sentir un poco menos solo, la verdad.

En cualquier caso, que Crom insufle en vuestras venas el valor para hacer frente a los enemigos. Y si no lo hace, ¡que se vaya al infierno!